Escrito por Dra. Giulia Jole Sechi
Cuando pensamos en viviendas sismorresistentes, solemos imaginar soluciones de ingeniería, estándares de hormigón y materiales de vanguardia. Pero para más de mil millones de personas que viven en asentamientos informales, esas soluciones no solo están fuera de su alcance, sino que están fuera de contexto.
En lugares como Tanzania y Haití, la brecha entre el riesgo sísmico y las prácticas de construcción es más que una pequeña grieta en el sistema; es una falla estructural. Es donde las aspiraciones políticas globales chocan con la realidad. Y, sin embargo, existe un potencial sin explotar en manos de casi todos los albañiles, propietarios y líderes comunitarios: el teléfono inteligente.

En los últimos años, he trabajado junto a comunidades e ingenieros tanto en África Oriental como en el Caribe, tratando de responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿Pueden las herramientas digitales hacer que las viviendas informales sean más seguras en zonas propensas a terremotos?
La respuesta es sí, si lo hacemos bien.
De la vulnerabilidad a la oportunidad: una visión desde el terreno
Seamos claros, los terremotos no matan a la gente. Los edificios mal construidos sí.
En Tanzania, a pesar de los conocidos riesgos sísmicos, no existe un código de construcción sísmica. La comunicación sobre el riesgo sísmico está restringida por las políticas. Sin embargo, los albañiles locales, a menudo con formación informal, utilizan WhatsApp para compartir fotos de construcción, YouTube para tutoriales y aplicaciones de pago móvil para recibir pagos por su trabajo.

Estas herramientas ya forman parte de su flujo de trabajo de construcción. Así que, en lugar de implementar nuevas plataformas desde cero, ¿qué tal si trabajamos con las que ya utilizan?
En Haití, tras el terremoto de 2021, vimos lo que es posible a gran escala. Se evaluaron casi 180 000 edificios en menos de cinco meses, todo de forma digital. Mediante tabletas, los ingenieros etiquetaron las viviendas, enviaron informes de daños automatizados a través de códigos QR y conectaron a los propietarios directamente con guías de reparación, todo en tiempo real y sin papel.
No se trataba de innovación por sí misma. Era práctica, escalable y rápida, lo que permitió pasar de la respuesta de emergencia a la recuperación en tiempo récord.

Lo que aprendimos
- Los teléfonos inteligentes están por todas partes, pero la información sísmica no.
Los albañiles están dispuestos y capacitados para usar contenido digital. Lo que falta es una guía técnica confiable y específica para cada contexto, que hable su idioma y se ajuste a su realidad constructiva. - Digital no significa jerárquico.
Las mejores oportunidades residen en la comunicación horizontal : el aprendizaje entre pares, los grupos en redes sociales que fomentan el intercambio y los canales de retroalimentación entre ingenieros y albañiles. No se trata de reemplazar la tradición con tecnología, sino de reforzar las buenas prácticas con un mejor acceso al conocimiento. - Los datos no son solo para expertos.
Cuando las comunidades comprenden su riesgo sísmico —de forma visual, local y en tiempo real— toman decisiones más seguras. En Haití, los residentes utilizaron sus informes con códigos QR para solicitar reparaciones y negociar estrategias de reconstrucción.

Entonces, ¿qué viene después?
Aún queda un largo camino por recorrer. Necesitamos códigos sísmicos en los países que carecen de ellos. Necesitamos levantar las prohibiciones de comunicación que mantienen a la gente al margen de los riesgos. Y necesitamos tratar los teléfonos inteligentes no solo como herramientas de conveniencia, sino como herramientas de resiliencia.
Las herramientas digitales no son la solución por sí solas, ya que existen limitaciones que es importante reconocer. Sin embargo, son un poderoso facilitador del conocimiento, la conexión y la acción.
Y para los millones de personas que viven en asentamientos informales, donde el próximo terremoto no es una cuestión de si sino de cuándo, esa facilitación podría significar la diferencia entre reconstruir y no recuperarse nunca.
Construyamos mejor. Construyamos con más inteligencia. Y empecemos donde la gente ya está: en el terreno, con un teléfono en la mano, listos para trabajar.

