
Cuando un edificio se derrumba durante un terremoto, el instinto nos lleva a pensar en lo peor: que toda la estructura estaba mal construida, que no se podía haber hecho nada. Pero recorrer los destrozos en Venezuela revela una historia más compleja y significativa.
En algunas zonas afectadas por el terremoto, aproximadamente el 80% de las estructuras quedaron completamente destruidas o gravemente dañadas. La combinación de suelo blando y deficiencias constructivas generó condiciones que amplificaron las fuerzas sísmicas sobre los edificios en toda la zona. Pero los escombros revelan algo crucial, y no siempre es lo que uno esperaría.
Cuando un buen trabajo no es suficiente
En uno de los edificios derrumbados, el trabajo de refuerzo con varillas estaba, de hecho, bien hecho. Buenos ganchos. Buen espaciado. La cantidad justa de acero. Alguien se esforzó mucho en esa estructura. Y, sin embargo, el edificio se vino abajo.
La razón: las barras de refuerzo no se superpusieron correctamente a la cimentación. Simplemente se detuvieron donde debían continuar, extendiéndose más y conectándose al sistema estructural inferior. Esa conexión, que los ingenieros denominan superposición de las barras de refuerzo, es la que transfiere las fuerzas de un elemento a otro durante un sismo. Sin ella, incluso unas barras de refuerzo bien colocadas no pueden cumplir su función.
Un detalle que falta. Un edificio se derrumba. Así es como sucede, y por eso la ingeniería estructural en zonas sísmicas no se trata solo de seguir un plan general. Se trata de que cada conexión sea correcta.
Cuando el código funciona
No todos los edificios dañados en la zona del terremoto cuentan una historia de fracaso. Algunas estructuras que parecen devastadas —con grietas profundas, visiblemente deformadas, claramente inutilizables— son en realidad ejemplos de que el código de construcción funcionó exactamente como se esperaba.
Los códigos de construcción en zonas sísmicas no están diseñados para que los edificios luzcan impecables después de un gran terremoto. Su objetivo es prevenir el colapso y proteger vidas. Un edificio que sufre daños irreparables pero que permanece en pie el tiempo suficiente para que sus ocupantes evacuen ha cumplido su función. Esta distinción es crucial al evaluar qué salió mal, qué salió bien y qué cambios son necesarios para el futuro.
Reconstruir de la manera correcta
Esta zona se puede reconstruir. Las condiciones del suelo son difíciles, pero no insuperables. Japón construye en entornos sísmicos mucho más complejos. California también. Existen los conocimientos, la ingeniería y la tecnología necesarios para construir edificios que no solo resistan grandes terremotos, sino que sigan siendo funcionales después.
Los amortiguadores sísmicos, los aisladores de base y otras tecnologías de resiliencia de eficacia probada están disponibles, son rentables y cada vez más accesibles, incluso en regiones con presupuestos de construcción limitados. La diferencia entre un edificio que se derrumba y uno que permanece en pie y sigue siendo útil a menudo radica en decisiones de diseño bien fundamentadas y prácticas de construcción de calidad.
Las lecciones que se están aprendiendo sobre el terreno en Venezuela son dolorosas. Pero también son valiosas, y representan precisamente el tipo de conocimiento que debería guiar la reconstrucción de esta región.
Miyamoto International está presente en Venezuela realizando evaluaciones estructurales, apoyando la planificación de la recuperación y contribuyendo a sentar las bases para la reconstrucción, en colaboración con la Oficina de Respuesta Humanitaria y ante Desastres (DHR) del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
El trabajo continúa.

