
Por el Dr. Kit Miyamoto
Tras el catastrófico terremoto del 6 de febrero en Turquía , Mehmet relató la desgarradora experiencia de presenciar el derrumbe en cuestión de segundos de su flamante edificio de apartamentos de cinco plantas. "Mi familia y yo tuvimos la suerte de poder evacuar tras sentir un fuerte temblor", recordó. La devastación fue profunda: más de 35.000 edificios de hormigón de mediana altura fueron arrasados instantáneamente, y otros 100.000 requirieron demolición. Sin embargo, las secuelas de este sismo se extendieron más allá de la trágica pérdida de vidas y hogares.
El Informe Nacional sobre Clima y Desarrollo de Turquía presentó un panorama desolador, estimando que las emisiones de carbono resultantes de esta destrucción masiva superarían la asombrosa cifra de 370.000 toneladas métricas. Al parecer, esta catástrofe no fue solo una tragedia humana, sino un desastre ambiental de enormes proporciones.
…La aplicación rigurosa de los códigos de construcción podría haber reducido potencialmente las tasas de colapso hasta en un 90%”
El punto principal radica en el aspecto descuidado de la reducción del riesgo de desastres (RRD) en los debates sobre construcción sostenible. Si bien el sector de la construcción contribuye al 37 % de las emisiones, las estrategias para reducir el riesgo de desastres suelen quedar relegadas a un segundo plano en las conversaciones sobre sostenibilidad
Es evidente que la aplicación rigurosa de los códigos de construcción podría haber reducido las tasas de colapso hasta en un 90 %. Esta constatación subraya la urgente necesidad de un desarrollo urbano sostenible, donde la RRD se perfila como una solución fundamental para este esfuerzo.
Incorporar un enfoque de RRD en la planificación urbana y las prácticas de construcción no se trata solo de protegerse contra desastres naturales, sino de integrar la responsabilidad ambiental y la equidad social. Este enfoque holístico abarca diversas facetas, como la vivienda accesible, la reutilización de espacios abandonados y la adopción de técnicas tradicionales basadas en la naturaleza que han demostrado ser más resilientes que la infraestructura convencional por sí sola.

Pero ¿cómo podemos avanzar desde este punto?
La clave reside en diseñar infraestructuras capaces de resistir desastres, reduciendo así drásticamente la necesidad de reconstrucción, el consumo de materiales y las consiguientes emisiones. Iniciativas como KUAT de USAID/BHA demuestran cómo la colaboración entre comunidades, organismos gubernamentales, empresas y la sociedad civil puede mitigar eficazmente los riesgos mediante programas de resiliencia urbana ante desastres.
La modernización de las estructuras existentes no solo mejora la resiliencia, sino que también reduce el consumo de energía y materiales. Sin embargo, a pesar de la existencia de leyes y regulaciones destinadas a garantizar infraestructuras seguras y comunidades resilientes, su eficacia suele flaquear debido a una ejecución e implementación deficientes. Reducir esta brecha entre la formulación y la ejecución de políticas es crucial, lo que exige marcos de gobernanza más sólidos y una mayor colaboración entre las partes interesadas.
Además, las soluciones basadas en la naturaleza, parte integral de las estrategias de RRD, son sumamente prometedoras en la construcción sostenible. La arquitectura vernácula, arraigada en las tradiciones locales, no solo preserva el patrimonio cultural, sino que también ofrece modelos de construcción sostenibles. Adoptar estas prácticas no solo se alinea con los objetivos de sostenibilidad, sino que ofrece una forma tangible de avanzar ante futuros desastres.
Es crucial reconocer la relación simbiótica entre la reducción del riesgo de desastres y la construcción sostenible. Incorporar la resiliencia en la planificación urbana no se trata solo de proteger a las comunidades, sino también de alcanzar objetivos climáticos más amplios. Ha llegado el momento de dejar de considerar estos problemas de forma aislada y empezar a integrar estrategias integrales e inclusivas para espacios urbanos resilientes, seguros y sostenibles.
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